Mostrando las entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de junio de 2014

Una información interesante. Para todos aquellos usuarios.

WI-FI: la muerte invisible que está destruyendo a la generación más joven en todo el mundo


Como tiene que ver con la comunicación, y lo mas importante, con nuestra salud, comparto con uds esta información.

Con el auge de la conexión inalámbrica, las redes wifi nos invaden: están en los hoteles, restaurantes, bares de copas, centros comerciales, colegios, oficinas y un largo etcétera. ¿Perosuponen un riesgo para la salud?
La Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña, en un estudio realizado en 2007 constató que “la radiación de microondas en el rango de frecuencia de WiFi causa cambios de conducta, altera las funciones cognitivas, activa la respuesta de estrés e interfiere con las ondas cerebrales”. También se mencionan los posibles riesgos para la salud de los niños que asisten a escuelas con redes inalámbricas.
Y es que no hay que olvidar que la radiofrecuencia de los teléfonos móviles e inalámbricos, de las torres de telefonía móvil y de las redes WiFi emiten radiación que de una manera u otra, afecta a las personas que estén dentro de su rango de acción.
El estudio «Interphone», promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en «International Journal of Epidemiology», pese a no ofrecer evidencias concluyentes sobre la supuesta inocuidad de los terminales, levanta la sospecha. En una revisión del mismo realizada en Junio de 2010, se aseguraba que por cada cien horas de uso de teléfono móvil, el riesgo de meningioma –tumor cerebral– aumentaba un 26 por ciento.
Fernando Pérez, vicepresidente de la Fundación para la Salud Geoambiental apunta que los pequeños de la casa son los más vulnerables, junto a las embarazadas, personas mayores y enfermos. «Todos los estudios epidemiológicos han demostrado efectos reales de las radiaciones en la salud y el desarrollo de los niños», explica Pérez.
Por supuesto, hay otros estudios que afirman que la exposición a este tipo de radiaciones es inocua. Pero si así fuera, ¿por qué en Europa están tomando medidas? Uno de los ejemplos más contundentes llega del vecino galo. En Francia, se están eliminando las redes WiFi en bibliotecas, colegios y lugares públicos, «pero en España la legislación data del año 2001, y establece unos límites máximos que son 4.000 veces superiores a los recomendados por los últimos estudios», apunta Pérez
Por otro lado, existen “informes científicos” que afirman que las redes wi-fi son totalmente inofensivas pero no hay que olvidar que la mayor parte de esos “informes” están pagados por “la alianza WiFi” una asociación que representa a la industria de WLAN, integrada por mas de 200 grandes compañías.
Los síntomas de una alta exposición a redes wifi se manifiestan mediante dolor decabeza, cansancio crónico, dificultad para dormir, palpitaciones, dólor en el oído e insomnio.
Así que lo mejor es prevenir, sólo por si acaso. Éstas son algunas medidas que pueden protegernos de las radiaciones wi-fi, tanto en la oficina como en la vivienda:
1. Desconectar la conexión cuando no se esté utilizando, especialmente durante la noche.
2. Sustituya el acceso inalámbrico, mediante cable de red, o bien un PLC que le permita usar su propia red electrica y enchufes como red local.
3. No abusar del teléfono móvil. Lo mejor es utilizarlo con la función de “altavoz” activada.
4. No utilice teléfonos inalambricos DECT para su vivienda, los cuales emiten grandes dosis de radiación. Si no tiene más opción que utilizar un teléfono inalambrico, mire las opciones tipo ECODECT, que al menos evitan la emisión cuando el teléfono esta descansando en la base.
5. Acudir a un médico especializado para que nos realice una descarga de la radiación que el cuerpo haya podido absorber.
Ecoportal.net

martes, 20 de mayo de 2014

Carta abierta a la Junta Militar - Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.1
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.
El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3
Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.4
El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.
Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.6
Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8
La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.9
La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre" Horacio Novillo,apuñalado y calcinado después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".10
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".
Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977

 NOTAS
1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.
2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban ahacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".
3 "Cadena Informativa", mensaje Nro. 4, febrero de 1977.
4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Ángel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este último había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga".
5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.
6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.
7 "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.
8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por "La Opinión" el 3-10-76 admitió que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".
9 El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.
10 Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según "La Razón" del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.
11 Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.
12 Diario "Clarín".
13 Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.
14 Prensa Libre, 16-12-76.

miércoles, 23 de abril de 2014

Operación Masacre de Rodolfo Walsh



   La novela argentina constituye un producto doblemente social. En primera instancia, lo es a partir de las condiciones propias del medio que implica la categoría literatura, como instancia donde interactúan sujetos caracterizados genéricamente como escritores, es decir, productores de ciertos objetos particulares con arreglo a un requerimiento cultural específico, una realidad ficticia, que se inscribe en el proceso social de intercambio integrado por productores y receptores de un mensaje escrito.
En segundo lugar, es social porque, en su proceso de elaboración, se inscriben las marcas del su-jeto productor bajo la forma de objetivación de ciertos fenómenos o sucesos que constituyen la realidad objetiva donde tiene lugar el acto productivo y, en virtud de ello, se construyen como manifestación de un sujeto adscrito a un modelo hermenéutico particular, determinado por su posición dentro del medio productivo en que tiene lugar su arte.
Por estas consideraciones, la Literatura Argentina constituye un espacio productivo indisolublemente vinculado a las condiciones de producción y sus sujetos se inscriben en el complejo dialéctico de relaciones en las que se manifiestan las posiciones sociales de cada uno de sus productores.
Es decir, el espacio específicamente definido por su producción en formato gráfico conforma un medio en el que se manifiestan las posiciones políticas de sus sujetos por medio de sus interpretaciones de los fenómenos y sucesos que constituyen su realidad material y social.
            En este sentido, Operación Masacre resulta un producto histórico inscripto en una tradición que reconoce en Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, el antecedente primario de la relación existente entre las coyunturas del medio y el proceso de producción textual. El mantenimiento de la dicotomía sarmientina civilización – barbarie circula en la historia de la Literatura Argentina, exponiendo un modelo funcional aplicado al texto y que opera instrumentalmente en los diversos sujetos productores. De estas deducciones es posible establecer que Operación Masacre retoma la tradición de la escritura estética de las condiciones políticas de la sociedad argentina.
            Dadas las características de la novela y el tópico de define su producción, su análisis debe inscribirse dentro de la lógica particular que rige su desarrollo, la dialéctica materialista, en la medida en que el objeto da cuenta de un suceso histórico reconocido, aunque no explicitado, y un proceso indagatorio por el cual se elucida el con-junto de fenómenos causales que lo movilizan, a la vez que habilitan una instancia valorativa que trasciende al propio texto para instalarse en el propio receptor.
En este sentido, se hace necesario proceder al estudio de la constitución formal del objeto, su contenido y su función respecto del universo social donde tiene lugar su emergencia.
            Este trabajo aspira a exponer un análisis que esclarezca algunos aspectos de la elaboración de la novela y su inserción dentro del momento histórico en el que tiene lugar su producción, dentro del marco que caracteriza a la novela argentina.

            El desarrollo de Operación Masacre está ligado indefectiblemente a una finalidad concreta: establecer un juicio público sobre el accionar de los mecanismos represivos de Argentina. En efecto, se entiende por tales a los mecanismos culturales comprendidos en la producción y operación de justicia y, específicamente, a los factores constitutivos del Poder Judicial, la policía y los tribunales, instancias comprendidas dentro de la articulación del Estado republicano como instancias jerarquizadas dentro de un todo autónomo y significativo incluido dentro de la categoría Poder Judicial.
Esta determinación hace posible que el texto disponga de una forma particular de exposición, la cual resulta solidaria de las que se desarrollan dentro de la producción discursiva propia del ámbito judicial. Efectivamente, la organización de Operación Masacre no resulta de una necesidad que subordina el tema y la finalidad a la forma, sino, al revés, ésta se subordina a la finalidad, porque el tópico es un dato conocido, cuya existencia es objetivamente probable y subsistente en la memoria popular por la cercanía de los hechos ocurridos en los basurales de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, el 9 de junio de 1956. Para más precisión, a seis meses del inicio de la investigación de Rodolfo Walsh.
            De acuerdo con lo expuesto, el objeto resulta una construcción subjetiva cuyo tó-pico resulta conocido, aunque no tienen la misma cualidad los protagonistas, la mecánica de los hechos y el objeto de los mismos.Esta cantidad de incógnitas constituyen los objetos de indagación dentro del texto, razón la cual, la producción se articula con arreglo a la clarificación de los elementos inciertos del suceso.
En este sentido, la textualidad adquiere una forma expositiva – argumentativa regida por una lógica propia de la narración policial, en la cual R. Walsh ya tiene probada maestría.
Esta cualidad formal se funda en una lógica abductiva, es decir, en la aplicación solidaria y sequenciada de los mecanismos inferenciales de deducción e inducción. Para ser más explícitos, la exposición – argumentación posee dos partes: una, en la cual se adicionan un conjunto de variables constitutivas del objeto, de cuya sumatoria se deduce sintéticamente una categoría particular derivada del conjunto de elementos que constituyen la generalidad.
A continuación, se generalizan al conjunto de fenómenos similares los resultados de la deducción.
            En esta mecánica radica la organización del texto de Walsh, donde se recrean las condiciones en las que tiene lugar el suceso que se pretende explicar, a la luz de las investigaciones del autor, periodista y fiscal que asume la enunciación del texto.
Para que se cumpla esta disposición, se debe organizar el objeto partiendo de las condiciones en las que tiene lugar la emergencia del fenómeno de la supervivencia de uno de los fusilados aquel 9 de junio. Este fenómeno es el que desencadena la investigación y puesta en evidencia de la que da cuenta el texto y se ubica en el Prologo, donde relatará las condiciones en las cuales se desarrolla la vida del investigador y la sociedad en la que desarrolla su existencia, así como los primeros pasos de su investigación.
Como puede verse, el desarrollo de la pesquisa ni el arribo a la argumentación final no resultan por generación espontánea, sino que se desarrollan a partir de un hecho que se erige como problemático, la existencia de un sobreviviente, porque resulta una paradoja dentro de la narración histórica oficial, dónde no sólo se elide el tratamiento del tema, sino que también se niega la existencia de sujetos que hayan superado la pena.
En su condición paradójica radica la cualidad del hecho que motiva la investigación, que, en principio, será asumida por un periodista que, con el correr de la pesquisa, irá mutando de condición para constituirse finalmente en fiscal respecto al accionar de los mecanismos del Poder Legislativo.
        A partir de la enunciación del medio en que se producen los sucesos históricos y la emergencia de la paradoja, se abre una nueva instancia dentro del cuerpo general del enunciado. Si en la primera parte expone las condiciones en las que tiene lugar la génesis de la investigación, en esta parte, la voz de un narrador que da cuenta del presente de enunciación asume las características de un fiscal que organiza la exposición de las víctimas, los hechos que dan origen a un juicio y los hechos que prueban la existencia objetiva de un crimen y de una organización que lo ejecuta y encubre.
            En el apartado Los personajes, el narrador fiscal da cuenta de las cualidades investigativas que rige el trabajo que, en principio, ha desarrollado el periodista partiendo de la primicia de un sobreviviente. La exposición resulta la construcción de las biografías de los fusilados, en la que queda expuesta la cualidad general del grupo: todos corresponden a obreros del conurbano bonaerense.
Tales biografías se constituyen en mecanismos por medio de los cuales se da cuenta de la improbable vinculación con el alzamiento del general Juan José Valle, aquel 6 de junio. Pero, también conlleva otra intención: la construcción de las víctimas como sujetos de conocimientos. En efecto, el silencio que envuelve a los sucesos históricos funciona como una mordaza que impide la emergencia de otras voces que se le contrapongan.
 La emergencia de los sobrevivientes, a través de su producción significativa, pone en evidencia que “…el testimonio es la producción de un sujeto, un ejercicio retórico que exige la presencia de otros sujetos y sus modos de percepción, con los cuales interactuar en una campo jurídico donde la Verdad es el objeto contencioso, cuya posesión alberga una posible capacidad legitimadora de un tipo particular de articulación social…” De este modo, la escritura de R. Walsh pone en evidencia un individuo investido de conocimiento, es decir,  un nuevo sujeto, cuya verdad habrá de constituirse en una “verdad otra” sobre los hechos históricos, contrapuesta a la que oficialmente se da.
            Los hechos dan cuenta de las acciones que se desarrollan el 6 de junio de 1956 y, en su desarrollo, se articula de manera paralela la secuencia que corresponde al crimen con las condiciones históricas del levantamiento de Valle. Es decir, lo que sucede entre quienes se habían reunido para escuchar la pelea, y lo que ocurre, al mismo tiempo, en los altos mandos, anunciado desde la radio.
El proceso de verosimilización alcanza un alto grado por el desplazamiento de la voz desde el narrador a la voz de la radio, en la manipulación de la verdad. En Campo de mayo, el levantamiento ocurre a las 21.30; la pelea de Lausse termina a las 23 y la radio no trasmite todavía ninguna noticia. Mientras tanto la policía cree que en ese departamento la gente está conectada con el general Tanco, supuesto ideólogo de la causa de Valle, razón por la cual ha enviado dos inspectores hasta la casa de Torres.
 Sigue el relato minucioso de los hechos de la masacre, de los tiros de gracia. Relata las condiciones de los que se salvaron, de los que murieron y cómo. El investigador se dedica a seguir los hechos relatados por el sobreviviente Livraga, ya que los otros que sobrevivieron están alojados en Embajadas, o están locos. La odisea del sobreviviente se reconstruye no sólo por su testimonio, sino también por la documentación que obra en su poder y que puede ser constatada en los registros de las instituciones a las que recala, luego de haber sido sometido al fusilamiento.
            La evidencia constituye un conjunto de maniobras que tienden a cristalizar en “la verdad” de los sucesos, por medio de la acumulación de argumentos constitutivos del Expediente Livraga y de algunos otras víctimas, poniendo en evidencia las maniobras incoherentes que escamotean las causales y los ejecutores del crimen, tal como lo escribe Walsh: "Pero lo que a mi juicio simboliza mejor que nada la irresponsabilidad, la ceguera, el oprobio de la Operación Masacre es un pedacito de papel.
Un rectángulo de papel oficial de 25 cms de alto por 15 de ancho. Tiene fecha varios meses posteriores al 9 de junio de 1956 y está expedido, después del trámite previo en todas las policías provinciales, incluso la bonaerense, a nombre de Miguel Angel Giunta, el fusilado sobreviviente.
Sobre el fondo de un escudo celeste y blanco, constan su nombre y el número de su cédula de identidad. Arriba dice: República Argentina–Ministerio del Interior–Policía Federal. Y luego, en letras más grandes, cuatro palabras: ‘Certificado de Buena Conducta’…"
En esta instancia, la acumulación opera sobre el juicio del lector, porque las sucesión de elementos probatorios llevan a que la valoración torne negativa respecto del accionar de los medios de la justicia, tal como lo expresa Walsh en el Epílogo: "Se trataba de presentar a la Revolución Libertadora y sus herederos hasta hoy, el caso límite de una atrocidad injustificada, y preguntarles si la reconocían como suya, o si expresamente la desautorizaban. La desautorización no podía revestir otras formas que el castigo de los culpables y la reparación moral y material de sus víctimas.
Tres ediciones de este libro, alrededor de cuarenta artículos publicados, un proyecto presentado al Congreso e innumerables alternativas menores, han servido durante do-ce años para plantear esa pregunta a cinco gobiernos sucesivos. La respuesta fue siempre el silencio. La clase que esos gobiernos representan se solidariza con aquel asesinato, lo acepta como hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a castigarse a sí misma."

            La organización textual pone en evidencia los condicionantes causales que sostienen el tipo particular que define al texto respecto de otros. Efectivamente, si el enunciado de Operación Masacre operara solamente con relación a los hechos históricos, los aspectos se circunscribirían a los concernientes a la justicia, dejando de lado los aspectos políticos contenidos en las acciones involucradas en los fusilamientos, así como en las de silenciamiento que se exponen a lo largo del texto.
En el complejo implicado en la escritura se definen dos campos solidariamente vinculados: uno, que se define como urdimbre y que corresponde a lo evidente, es decir, a lo que se accede en la superficie textual; y, otro, que soporta la construcción superficial y que da cuenta de los elementos que comprometen la coherencia, la trama.
De esta manera es que la organización del texto expone la acumulación de elementos que se sostienen sobre la base de organizadores textuales. En el caso de Operación Masacre, la trama argumen-tativa determina la forma expositiva en la que se organiza el texto, donde la forma se subordina al contenido y ambos a la función.
De acuerdo con ello, el texto de Rodolfo Walsh se define por una exposición fundada en una intención argumentativa, donde, alternativamente, da paso a la multiplicidad de voces y documentos con el objeto de crear un efecto de veracidad respecto a un objetivo político, la cristalización de un juicio al Poder Legislativo.
Cada uno de los pasos expositivos está destinado a convencer al lector que, en el concierto general de la relación social establecida entre el narrador – fiscal y el lector – jurado, opera por una acumulación de datos, de cuya sumatoria extrae una deducción, un fallo respecto de las operaciones de ejecución y encubrimiento realizados por los componentes del poder judicial respecto del crimen colectivo de José León Suárez.
En ese sentido, los conceptos de Eduardo Véliz alcanzan funcionalidad analítica, particularmente en lo que respecta no sólo en los hechos narrados por las víctimas, sino en la construcción de una verdad que da cuenta de otras interpretaciones y que, por ello, pone en evidencia el carácter político que entraña el texto de Walsh.
El sujeto que enuncia no posee las características de quien, simplemente, se ubica en el plano de la exposición periodística de un hecho histórico, sino de alguien que, conforme se desarrolla la investigación, va sufriendo una transmutación cuyo resultado final se manifiesta en la función denunciante que define el sentido de la escritura.
De este modo, el texto abandona el sentido de la novela policial, más no su lógica deductiva, porque la valoración de los hechos presentados no se resuelve dentro de texto mismo, sino que lo trasciende para realizarse con la participación del lector, objetivo estratégico de la escritura walshiana. Según estos criterios, la red conceptual del texto se define por su función estratégica respecto a las condiciones en las que tiene su emergencia, es decir, con relación a las relaciones sociales que entablan los sujetos implicados en el espacio social reconocido como “literatura”, dentro del cual se definen posiciones de acuerdo a la ubicación de cada uno con relación al proceso productivo implicado en el mismo.
Por ello mismo, la producción de Walsh y su condición de fiscal definen una adscripción social específica con relación a otras, cuyas producciones soslayan hechos como los expuestos en su texto.
La red conceptual se organiza en torno a elementos básicos: legitimación de los sujetos testimoniantes, recreación de los hechos históricos, acumulación de factores causales, los cuales definen el sentido jurídico de la totalidad del enunciado por medio de dos aspectos: uno, destinado a relatar los sucesos, y en el que se encuentra implicada la objetividad en la exposición de los hechos; y, otro, orientado a persuadir mediante la demostración del régimen causal que moviliza la realización de la masacre.
De este modo, Los hechos resulta la exposición del objeto criminal, mientras La evidencia y Los Personajes conforman medidas tácticas apuntadas a persuadir. Como puede verse, la legitimación de los testimoniantes y la acumulación de factores causales dan cuenta de la victimización de un sujeto social constitutivo de un statu quo dado, dentro del cual poseen ciertos derechos legítimos derivados del contrato social del cual es parte; mientras que la recreación de los hechos históricos pone en evidencia la violación de tales derechos por parte de la entidad supraindividual – el Estado– encargada de preservarlos.
En este sentido, la función valorativa asignada al lector pone en evidencia la presencia de un modelo jurídico ajeno al argentino, el common law, es decir, el derecho común practicado por los países angloparlantes, donde el fallo judicial recae en la comunidad representada en el jurado, poniendo en evidencia no sólo la parcialidad social del accionar jurídico argentino, sino también la impertinencia del mismo para garantizar objetivamente justicia sobre ciertos actos en los que se halla implicado el Estado.   

            De lo expresado, se deduce la función que comporta el texto: acusar a un sujeto determinado, el Estado y su accionar terrorista. En este sentido, resulta solidario de las condiciones históricas en las que tiene lugar su elaboración y emergencia. La publicación de la primera edición en el periódico Mayoría, vinculado a actividad sindical, pone en evidencia el valor de uso que adquiere Operación Masacre en la coyuntura histórica argentina.
La aparición del texto de R. Walsh marca la emergencia de un quiebre en el espacio social de la literatura, aun cuando falta un tiempo considerable para su adscripción al peronismo revolucionario, y pone en evidencia las maniobras que definen las adscripciones que se producen dentro del medio social implicado en la literatura y la correspondiente contracción de este espacio social respecto de lo hechos narrados.
Esta certeza moviliza la escritura walshania como un objeto particular que se resiste al régimen de catalogaciones del mercado literario por medio de la subordinación de la estética a la finalidad, de lo que se deriva el uso de la forma literaria burguesa por excelencia, la novela, para apelar a un sujeto social concreto, en cuya formación cultural el comic y la historieta constituían las formas básicas por donde se manifestaba la narración novelesca, en un proceso de enjuiciamiento socialmente determinado.
            Esta utilización particular de la forma define a la novela como un objeto decadente dentro de su situación en el campo social de la literatura y habilita su definición como elemento referido a una posición social específica, destinada a desvelar las condiciones operativas por las que se expresa el aspecto funcional del terrorismo de Estado, respecto del mantenimiento de un statu quo. “La novela era, para Walsh, algo así como la representación de los hechos. ‘Yo prefiero su simple presentación... Eso quiere decir que la novela es lo difícil de decir, lo que se resiste a ser dicho? Lo que me compromete más a fondo? Otra variante que he pensado es que la novela es la última forma del arte burgués, y por eso ya no me satisface.’”
Más que apartarse de la literatura, Walsh parece alejarse de las formas legitimadas de su interpretación, ya sea entendidas como discurso oficial, prensa orgánica o dogma literario. El autor abandona sistemática y paulatinamente los espacios comunes para explorar lo que está negado y oculto. Su prosa avanza sobre lo elidido.
Si el problema es cómo contar la realidad, todas las formas existentes adolecen de lo mismo: son objetos de lectura que sólo pueden capturar aquello previsto con anterioridad, dentro de la forma y la tópica legítima.
Las agencias de noticias, los medios organizados, los grandes diarios y revistas, el género ficcional ya no pueden informar, ya no pueden dar cuenta de las cosas porque están precisamente determinados por las condiciones objetivas y subjetivas a las que responden en cuanto mecanismos socialmente definidos; en ese marco, el texto de R. Walsh no sólo pone en evidencia la función del Estado dentro de una coyuntura histórica, sino también pone los mecanismos de solidaridad y coerción social tanto material, como simbólica, en la que el lugar común funciona como un a priori que garantiza una autorización relativa.
Por lo que, si el material de trabajo es lo oculto y negado, lo que hay que desentrañar, mal puede dar cuenta de él un sistema ya establecido, que opera funcionalmente respecto de los sujetos involucrados en la cosa negada y, por lo tanto, su propio actividad conforma el objeto de la investigación.
Por lo mismo, la novela, como género, no es nada más que una forma y un contenido que no expresa más que la imagen velada de un sujeto social que se manifiesta por la negación de su autoría intelectual de los hechos narrados.
En Operación Masacre, el testimonio de las víctimas, los documentos, organizados tópica y cronológicamente, la reconstrucción deductiva de los hechos se articulan en torno a la ficción de verdad y, mediante su encadenamiento, bloquean la manipulación conspirativa en torno a la posesión legítima de la verdad.
La búsqueda sistemática de los detalles escondidos y la lógica que los vincula en el relato, son los que esquivarán, por azarosos, cualquier ordenamiento apriorístico, de acuerdo a un canon.
La forma y el contenido aparecen subordinados a la función socialmente significativa que el autor le asigna a su obra no sólo con relación a los hechos históricos tratados, sino a la totalidad sistémica involucrada en las maniobras de ocultamiento.
Laura Martín define que “… en momentos no democráticos, el poder político como campo externo al campo intelectual, infiere en él imponiendo lo aceptable y lo no, lo que se puede y no se puede decir. Fundamentalmente, el periodismo es esencial para la reproducción y la legitimación de la realidad social, realidad que viene dada desde la clase hegemónica, clase que detenta el poder político y económico, y que en años dictatoriales su poder ha sido sostenido gracias a tener el monopolio de la fuerza física y simbólica. El uso que ha hecho el poder del periodismo es funcional para crear una cultura hegemónica. Las formas que adquirió el periodismo en esas épocas han sido, desde ya, diversas, y la fuerza del periodista depende del lugar que ocupe dentro del campo periodístico, pero también del contexto histórico en el que se plantee.”
De conformidad con esto, la verdad es, en Operación Masacre, lo que se construye en la pluralidad de voces que constituyen el murmullo de los que no tienen me-dios para expresarla. Al extraer la verdad de lo que pasó aquel 9 de junio de 1956, Walsh interviene la realidad y reescribe la historia de todo un pueblo, de una época y de una posición política.
Estas afirmaciones definen la posición que el sujeto escritor asume tanto respecto de la las condiciones históricas en las que tiene lugar la producción literaria, como de los objetos elaborados con relación a la función de la social de la novela.
En una entrevista posterior, R. Walsh afirmaba: "Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y mitificación hasta 1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968, cuando la tarea política se vuelve una alternativa... La desvalorización de la literatura tenía elementos sumamente positivos: no era posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía consumir la intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por todas partes".
Una vez acuñada esa visión de la literatura, la elección de Walsh fue volcarse al periodismo como arma de conocimiento y combate.”

            El análisis de la obra ha permitido comprobar la hipótesis que moviliza este trabajo. Más allá de ello, también pone en evidencia por la escritura la intrincada red de silencios y omisiones que entraña la producción de ciertos espacios de la producción cultural.
El cambio de posicionamientos que se observa en el texto da cuenta no sólo de una mutación expositiva propiciada por la propia lógica de la elaboración textual, sino también la del propio sujeto que, conforme se va desarrollando el relato, va asumiendo posiciones que lo alejan de la tradicional investidura del periodista para posicionarlo como fiscal dentro de un juicio colectivo de las acciones del terrorismo de Estado.
La palabra asume una expresión por la que se objetiva el universo silenciado de los sectores sociales sometidos por el terror de la “revolución libertadora”, como factor victimizado dentro de las relaciones hegemónicas que se desarrollan en el país.

Lafforgue, Jorge. Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Alianza Edit. Buenos Aires, 2000.
Marafioti, R.; Zamudio de Molina, Berta; y Duarte Patricia. Temas de Argumentación. Biblos. Buenos Aires, 1997.
Varios. Colección Nuestro Siglo N° 28. Hyspamérica, Buenos Aires, 1990.
Véliz, Eduardo. Discurso y memoria en testimonios de la década del ’70. Biblioteca de la FFYL- UNT. S.M. de Tucumán, 2001.
Walsh, Rodolfo. Prologo. Operación Masacre [3ª. Edic.]. Edic. de la Flor. Buenos Aires, 1972.
------------------- Operación Masacre. Edic. de la Flor. Buenos Aires, 1994.
--------------------- ¿Quién mató a Rosendo?. Edic. de la Flor. Buenos Aires, 2003.
--------------------- Caso Satanowsky.  Edic. de la Flor. Buenos Aires, 2004.
--------------------- Ese hombre y otros papeles. Edic. de Daniel Link. Seix Barral. Buenos Aires, 2003.
Hemerografía Consultada:
Revista V de Vian. Suplemento Diario Página 12. 14/05/05
Revista Alternativa. N° 124. Bogotá, 1974.