martes, 10 de marzo de 2015

Les Luthiers - Monologo de Ravinovich (Discurso mal Leído)


Les Luthiers - Biografía




    A comienzos de los años sesenta, prácticamente en cada facultad del país existía un grupo coral integrado por jóvenes universitarios. Como prolongación de estos intereses era frecuente la realización de festivales intercorales en los cuales -y además de la obligada audición mutua- muchas veces se presentaban actos paralelos de humor doméstico protagonizados por grupos formados en cada coro. En setiembre de 1965, durante el Festival de Coros Universitarios realizado en la ciudad de Tucumán, un grupo de integrantes de uno de los coros de la Universidad de Buenos Aires presentó para los demás participantes un espectáculo de música y humor. Se trataba de divertir a la audiencia con la parodia de un muy formal concierto ofrecido por solistas, pequeño coro y un conjunto orquestal integrado por instrumentos no convencionales construidos por los mismos intérpretes con materiales caseros. 
     La obra central de aquel programa era La Cantata Laxatón y había sido compuesta por uno de los integrantes del grupo, el arquitecto Gerardo Masana, quien también fue el inventor de la mayoría de los instrumentos utilizados en aquella oportunidad, fueron tal vez la causa de un eco inesperado: poco después una revista porteña narró el suceso. Al poco tiempo, y ante la sorpresa de los inexpertos jóvenes, el grupo fue contratado para repetir el inaudito espectáculo en una sala de la capital argentina. Se trataba de un pequeño teatro con tendencia a la programación de vanguardia en donde el conjunto se presentó -ahora con el nombre de I Musicisti- para ofrecer unas pocas representaciones. Ante la sorpresa de todos, el éxito fue grande y las actuaciones debieron prolongarse por espacio de tres meses. Este triunfo fue decisivo para que, poco después, el grupo fuera aceptado en la programación del Instituto Di Tella, por ese entonces templo de las vanguardias artísticas de Buenos Aires y centro de estudios teatrales, musicales y plásticos, reconocido mundialmente. El espectáculo presentado I.M.Y.L.O.H. ( I Musicisti y Las Óperas Históricas), constituyó el más grande éxito de público que conociera la sala del Di Tella. A partir de 1967 el grupo adoptó su denominación actual -LES LUTHIERS- coincidiendo con un largo periodo de perfeccionamiento de su estilo e identidad artística. La involuntaria entrada de Les Luthiers en el profesionalismo y el inesperado crecimiento de público y estima, enfrentaron al conjunto con nuevos tipos de audiencias, demandas y tentaciones. 
    Tal vez haya sido la suerte de gozar de la frescura de quienes siempre trataron de hacer reír para en realidad divertirse a sí mismos, lo que los preservó del camino directo, del producto improvisado, de la risa fácil, del humor chabacano. Cuando Les Luthiers comenzó a efectuar giras internacionales -debieron pasar nueve años de búsqueda y crecimiento- la crítica y los públicos del mundo fueron corroborando las sospechas de estos argentinos que constituyen hoy un auténtico motivo de orgullo nacional. Se puede hacer reír con inteligencia, con elegancia, con sutileza, sin por ello ser necesariamente artistas para unos pocos. La trayectoria recorrida por el grupo a partir de esta propuesta sigue sorprendiendo, aún a sus mismos integrantes quienes nunca trabajaron en pos del éxito e incluso ni siquiera creyeron posible la alegría de que su música-humor pudiera ser tan alborozadamente recibida por públicos tan diversos. Cuando alguna vez se escriban los anales del music hall hispano americano será tal vez el momento de señalar cuántas leyes supuestamente incontrovertibles del "show business" han debido ser modificadas luego de la irrupción de Les Luthiers en los medios teatrales de lengua castellana. Desde 1977 Les Luthiers produce un nuevo espectáculo cada dos o tres años el cual se presenta en las salas de mayor renombre de España y Latinoamérica. Les Luthiers se ha presentado en Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Israel, México, Perú, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Desde sus inicios hasta la actualidad los integrantes de les Luthiers son autores del texto y de la música de sus espectáculos, correspondiéndoles también la dirección y puesta en escena de los mismos.


Fuente: http://www.cmtv.com.ar/biografia/show.php?bnid=171

La caja de Pandora - Mito Griego. (Versión)


    Hace mucho, muchísimo tiempo, cuando nuestro mundo se hallaba en la infancia, había un niño llamado Epimeteo, que nunca había tenido padre ni madre, y para que no estuviera solo, otra niña, procedente de un lejano país, y que se llamaba Pandora, fue llevada a vivir con él.
    La primera cosa que vio Pandora al entrar en la casa en que vivía Epimeteo, fue una gran caja, y casi inmediatamente después de haber atravesado el umbral, preguntó qué había en ella.
—Mi querida Pandora —contestó Epimeteo —es un secreto. La caja fue dejada aquí, para que estuviese bien guardada; y yo mismo no sé lo que contiene.
—Pero ¿quién te la dio? —preguntó Pandora —¿De dónde procede?
—Una persona de aspecto risueño e inteligente la dejó ante la puerta antes de que llegaras tú; y según vi, apenas podía contener la risa al hacerlo.
—Ya lo conozco,—dijo Pandora pensativa—era Mercurio. Éste fue quien me trajo, y sin duda hizo lo mismo con la caja. Estoy segura de que es para mí, y probablemente, contiene hermosos trajes y juguetes o bien una golosina.
—Es posible—contestó Epimeteo alejándose—pero hasta que Mercurio regrese y nos autorice para ello, no tenemos el derecho de abrirla.
—¡Qué muchacho tan tímido! —murmuró Pandora, cuando el niño salía de la casita. —Me gustaría que fuese más animoso.
Y en cuanto Epimeteo se marchó, la niña se quedó mirando el objeto que había despertado su curiosidad.
    Las esquinas de la caja aparecían talladas con mucho arte y primor. En los lados había figuras muy graciosas de hombres, mujeres y lindísimos niños. La cara más bonita de todas había sido esculpida en alto relieve, en el centro de la tapa. Ninguna otra particularidad se advertía, exceptuando la obscura y lisa riqueza de la madera pulimentada y el rostro del centro con unas guirnaldas de flores sobre sus cejas.
    La caja permanecía bien cerrada y no por una cerradura u otro medio semejante, sino con una cuerda de oro cuyos dos extremos estaban atados de un modo tan complicado, que, probablemente, nadie habría logrado deshacer el nudo. Y, sin embargo, precisamente al ver tal dificultad, más deseos sentía Pandora de examinarlo, a fin de averiguar cómo había sido hecho.
—Creo—se dijo—que ya sabré des-hacerlo y luego atarlo otra vez, y como de ello no ha de resultar ningún daño…
    Ante todo, trató de levantar la caja. Elevó un lado algunos centímetros y la dejó caer, produciendo algún ruido. Un momento después le pareció oir que dentro se removía algo. Aplicó el oido y escuchó. Sin duda alguna se percibían dentro algo así como murmullos apagados.
Y al retirar la cabeza, sus ojos se clavaron en el nudo de la áurea cuerda.
—No hay duda de que quien hizo este nudo es persona muy ingeniosa, se dijo —pero me parece que lo podré deshacer.
    Entretanto los brillantes resplandores del sol atravesaron la abierta ventana. Pandora se detuvo para escuchar, pero al mismo tiempo e inadvertidamente, retorció algo el nudo, y con gran sorpresa vio que la cuerda de oro se había desatado por sí misma, como por magia.
—¡Que cosa tan extraña! —exclamó la niña. —¿Qué dirá Epimeteo? —¿Sabré hacer otra vez el nudo?
    Hizo una o dos tentativas para conseguirlo, pero pronto vio que tal intento era muy superior a su destreza. Así, pues, nada podía hacer, sino dejar la caja desatada hasta el regreso de Epimeteo.
    Entonces la niña pensó que su amigo creería que había mirado el interior de la caja, y no siéndole posible evitar que así se lo figurara, díjose que lo mejor era justificar tal sospecha satisfaciendo su curiosidad… No habría podido asegurar si era ilusión o no, pero le parecía que algunas voces murmuraban dentro de la caja:
—¡Déjanos salir, querida Pandora, déjanos salir! ¡Seremos para ti muy buenos compañeros de juego! ¡Oh, déjanos salir!
—¿Quién será? —pensó Pandora.— Sin duda hay alguien vivo dentro. Sí, seguramente. Voy a dar una mirada, sólo una y luego volveré a cerrar.
Pero ya es tiempo de que veamos lo que hacía Epimeteo.
    Aquella era la primera vez, desde que llegara su compañera de juegos, que iiabía tratado de divertirse solo, pero como se aburría, decidió interrumpir sus juegos y volver a donde estaba Pandora. En el momento en que iba a entrar en la casita, la mala niña tenía la mano a punto de levantar la tapa de la caja, y Epimeteo la vio. Si él la hubiera avisado dando un grito, Pandora, probablemente, habría retirado la mano de la caja; y tal vez no fuera conocido aún el fatal misterio que guardaba.
    Cuando Pandora levantó la tapa, el aire se obscureció porque una nube negra salió de ella y se extendió ante el sol, ocultándolo completamente. Luego, durante algunos instantes, se oyó un murmullo y una serie de gruñidos que pronto se transformaron en un fragor parecido al estampido del trueno… Pero Pandora, sin hacer caso de ello, acabó de levantar la tapa de la caja y miró a su interior.
    Pareció como si una multitud de seres alados pasaran rozándole el rostro, huyendo del encierro, y en el mismo instante oyó la voz de Epimeteo que exclamaba en tono lastimero, como si experimentara algún dolor:
—¡Oh, me han picado! ¡Me han picado! ¡Perversa Pandora! ¿Por qué has abierto esa maldita caja?
    La niña dejó caer la tapa e incorporándose miró a su alrededor para ver qué le había ocurrido a Epimeteo. La nube que se había formado obscureció de tal modo la habitación que apenas podía divisarse lo que en ella había. Pero oyó un desagradable zumbido, como si por allí revolotearan enormes abejorros. En cuanto sus ojos se hubieron acostumbrado a la imperfecta luz que reinaba, vio un enjambre de feas y asquerosas figuras provistas de alas de murciélago y armadas de terribles aguijones en sus colas, una de las cuales fue la que picó a Epimeteo. Pocos ins-tantes después también Pandora empezó a quejarse, pues sentía no menos dolor y miedo del que experimentara su compañero de juegos, pero sus quejas fueron más ruidosas que las de Epimeteo. Un repugnante y ruin monstruo se posó en su frente, y la habría herido tal vez de gravedad, si Epimeteo no lo hubiera impedido.
    Ahora, si desea saber el lector quienes eran aquellos feos seres evadidos de La caja en que estaban prisioneros, le diremos que formaban la familia completa de los males. Había malas Pasiones, muchas especies de Cuidados, más de ciento cicuenta Dolores y Tristezas, gran número de Enfermedades y, en fin, más formas de Maldad de lo que es dable imaginar. Entretanto no sólo Pandora, sino también Epimeteo, ha-bían sido gravemente picados y sufrían mucho, cosa que les parecía tanto más intolerable, cuanto que era el primer dolor que sentían desde que existía el mundo. Por esta razón estaban de muy mal humor y muy disgustados uno de otro.
    Epimeteo se sentó en un rincón dando la espalda a Pandora y ésta, por su parte, se dejó caer al suelo, apoyando la cabeza sobre la fatal y abominable caja. Lloraba amargamente como si su corazón fuera a destrozarse.
De pronto se oyó un golpecito proce-dente del interior de la caja.
—¿Quién podrá ser? —se preguntó Pandora, levantando la cabeza. En cuanto a Epimeteo, o no había oído el golpe, o estaba demasiado preocupado para hacer caso de él. Sea como fuere, no contestó.
—¿Por qué no me hablas? —exclamó Pandora sollozando
Y entonces se oyó nuevamente el golpecito, procedente del interior de la caja. Era tan suave que parecía como si lo dieran los dedos de una hada.
—¿Quién eres? —preguntó Pandora sintiendo aún cierta curiosidad.
Una vocecita dulce contestó a sus palabras, diciendo:
—¡Levanta la tapa y lo verás!
—No, no—contestó Pandora echán-dose a llorar de nuevo. —Ya estoy escarmentada de haber abierto la caja. ¡Ya que estás encerrada, no saldrás!
Y miró a Epimeteo mientras hablaba, solicitando su aprobación a lo que acababa de decir. Pero el muchacho sólo murmuró que tal prueba de buen iuicio era tardía.
—¡Ah! dijo nuevamente la dulce vocecita —obrarás bien dejándome salir. No soy como esos monstruos que tienen aguijones en la cola. Ven, hermosa Pandora. Estoy segura de que me de-jarás salir.
    Y había un encanto tal en el tono de aquella voz, que casi era imposible negarse a lo que pedía. Pandora, al oiría, sentía disiparse su tristeza y Epimeteo, que continuaba en su rincón, volvió la cabeza mostrando en su aspecto mejor humor que antes.
—Querido Epimeteo—exclamó Pandora, —¿has oido esa vocecita?
—Sí, contestó él, todavía malhumorado—y ¿qué?
—¿Te parece que abra otra vez la caja?
—Obra como quieras —replicó Epimeteo. —Después de lo hecho ya no importa que repitas tu imprudente acción.
—Podrías hablarme con alguna mayor bondad —murmuró la niña enjugándose los ojos.
—¡Si estás deseando verme!—gritó la vocecita, dirigiéndose a Epimeteo. —Ven, querida Pandora, abre porque tengo gran prisa por consolarte.
—¡Epimeteo! —exclamó Pandora —Suceda lo que quiera, estoy resuelta a abrir la caja.
—Y, como la tapa parece muy pesada, —dijo el niño atravesando la habitación —yo te ayudaré.
    Y así los dos niños unieron sus fuerzas para abrir nuevamente la caja. Salió de ella un personaje sonriente, cuyo cuerpo parecía formado con rayos de sol.
   Empezó a revolotear por la estancia, iluminando los lugares en que se posaba. Se llegó a Epimeteo, y tocó ligeramente con uno de sus dedos el lugar donde le había picado el Dolor y en el acto el niño dejó de sentir sufrimiento alguno. Luego besó a Pandora en la frente y el daño que le causara el Mal fue tambiér inmediatamente curado.
—¿Quién eres, hermosa criatura?— exclamó Pandora—
—Soy la Esperanza —contestó el brillante ser.
—Tus alas tienen el color del arco iris —añadió la niña. —¡Qué hermosas son!
—Sí, son como el arco iris —dijo la Esperanza —porque aun cuando mi naturaleza es alegre, estoy formada de lágrimas y de sonrisas.
—¿Querrás quedarte para siempre a nuestro lado? —preguntó Epimeteo.
—No me moveré mientras me necesitéis —contestó la Esperanza sonriendo. —No os abandonaré mientras viváis en el mundo. Sí, queridos niños, sé que más tarde os será otorgado un don inapreciable.
—¡Oh, dínos cual!
—No me lo preguntéis —repuso la Esperanza poniéndose un dedo en sus rosados labios. —Pero no desesperéis, aun cuando nunca gozaseis en esta vida de la felicidad que os he anunciado. Creed en mi promesa, porque es verdadera.
—¡Creemos en ti! —gritaron a coro Epimeteo y Pandora.
   Y así lo hicieron, y no solamente ellos, sino que también todo el mundo ha confiado en la Esperanza, que desde entonces vive en el corazón de los hombres.
    Tal es el poético ropaje con que la imaginación griega ha vestido la caída de los progenitores del linaje humano, que con diversas formas se nos presenta en las tradiciones y mitos de los pueblos antiguos.


Alejandro Dolina - Biografía y Obras



Nombre completo: Alejandro Dolina
Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina
Fecha de nacimiento: 20 de mayo de 1945
Géneros literarios: Cuentos


Dolina nació en Baigorrita en la provincia de Buenos Aires, y pasó su primera infancia en el barrio bonaerense de Caseros.
Es escritor, músico y conductor de radio y de televisión. Realizó estudios de Derecho, Música, Letras e Historia. No cosechó títulos. Él se ha encargado de decir que el aprendizaje es en sí mismo una felicidad que no necesita la promesa de una recompensa. De su trato con los libros y con la gente del barrio proviene cierta mezcla de erudición y vagancia...
Obras
Desde 1970 publicó cuentos y notas humorísticas en diferentes revistas.
      En 1988 publicó su primer libro, "Crónicas del Ángel Gris". Una edición corregida y aumentada de esta misma obra apareció en 1996, más tarde transformadas en un musical, que obtuvo el premio Argentores en 1990.
    Ha compuesto numerosas canciones y ha integrado distintos grupos musicales como director y arreglador. Desde 1985 ha conducido programas de radio y televisión.
    Dolina ha sido siempre reconocido por su vasto conocimiento de tango clásico, y es él mismo pianista, cantante y compositor. Pese a que nunca ha grabado como solista, en 1998 produjo y cantó para su Opereta Criolla titulada "Lo que me costó el amor de Laura", en compañía de Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Ernesto Sábato, Les Luthiers y otros reconocidos artistas.
    Su programa de radio "La Venganza Será Terrible" es líder en su franja horaria desde el primer año de emisiones, es considerado ya un clásico de la radiofonía del Río de la Plata.

Listado de sus obras:
Relato
Crónicas del Ángel Gris (Ediciones de la Urraca, 1988), con ilustraciones de Nine.
Crónicas del Ángel Gris. Edición corregida y aumentada (Colihue, 1996), con ilustraciones de Hermenegildo Sábat.
El libro del fantasma (Colihue, 1999), con ilustraciones de Nine.
Bar del Infierno (Planeta, 2005)

Obras musicales
Lo que me costó el amor de Laura. Opereta Criolla (Colihue, 1998).
Radiocine (Planeta, 2002).

Música
Tangos del Bar del infierno (2004)

Teatro
El barrio del Ángel Gris (1990)
Teatro de Medianoche (1991)
Bar del Infierno (2004)

Radio
Demasiado tarde para lágrimas (1983-91)
El ombligo del mundo (1992)
La venganza será terrible (1993-)

TV
La barra de Dolina (1991)
Bar del Infierno (2003)

Cine (cómo actor)
Las puertitas del señor López (1988) (voz)
El día que Maradona conoció a Gardel (1995)
El arca (2007) (voz)

Crónicas del Angel Gris - Alejandro Dolina ( 1988 - Argentina)

 Link de descarga:
http://llevatetodo.com/book/Alejandro.Dolina-Cronicas.Del.Angel.Gris.pdf

Cantata del Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras - Les Luthiers ( 1979)


Carnaval! Los marcos de la libertad cómica - Umberto Eco


Link de descarga:
 file:///C:/Documents%20and%20Settings/Administrador/Mis%20documentos/Downloads/Dialnet-ElHumorLucianicoEnLasNarrativasVerdaderasUnaEsteti-3427173.pdf